Por Santiago O’Donnell
El juego se terminó. Con la elección del martes pasado en Pennsylvania, el último estado grande de la primaria demócrata, sólo restan formalidades para que Barack Obama se convierta en el candidato de su partido. Hillary Clinton todavía no se bajó, pero sabe que es cuestión de tiempo porque los números no le dan. Obama le lleva unos 200 delegados de ventaja y quedan 280 por repartirse en siete elecciones, ninguna muy relevante, todas con Obama como favorito. O gran favorito, como sucede en la primaria más importante de las que quedan, Carolina del Norte (124 delegados),
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