Estoy siguiendo con mucho interes la crisis política chilena, por dos motivos principales. El primero es un motivo personal, casi íntimo.
Tiene que ver con que estoy viendo una película que ya he visto en mis dias de militancia política en Argentina. Es como la franquicia de una película, que es adaptada al público local, con actores locales y matices locales. Supongo que la licencia original tampoco es argentina. Pero yo vi la versión argentina! El otro motivo, es de índole política. Me moviliza la visión de la oportunidad disponible para Bachelet.
Creo que Chile puede dar un salto en la calidad de su institucionalidad EN ESTA OPORTUNIDAD. (tambien puede elegir no dar ese salto, y empezar a desbarrancarse lentamente por la ladera). La pregunta mas importante que me formulo es si Bachelet tomará la decisión de convertirse, desde su baluarte ético, en la arquitecta de la nueva etapa. Hay un error de interpretación en el que no debería caer, y es el que dice que los dividendos de estos casos de corrupción los cobrará automaticamente la oposición. Este error es inducido por quienes son parte del sistema cuestionado y pretenden atemorizar a la concertación en la idea de que todo esto le hace daño al gobierno y fortalece a la derecha. Nada mas perverso. Claro, ante esto, personas bien intencionadas, no dudan en respaldar aquellos argumentos que tienden a desinflar, morigerar, amortiguar, acallar el conflicto. Lo correcto, es pensar que ante esta crisis, el liderazo ético de la presidenta va a generar un dividendo que sera aprovechado por todo Chile. Un nuevo estadío en la calidad de la democracia y sus instituciones. Claro, esto tendría algunos costos eventualmente dolorosos.
Que hacer? Sin entrar en detalles, pienso que las recomendaciones que hiciera una comision ad-hoc sobre cambios legales estan bien encaminadas. Ahi hay buena parte de la solución en el ámbito de políticas públicas. Transparencia, controles y rendición de cuentas resumen estas propuestas. Pero faltaran tres cosas escenciales: 1) Absoluta libertad para actuar al poder judicial. Ello implica respaldar politicamente a la justicia. 2) La reforma del sistema binominal, verdadera piedra angular de la falta de transparencia y del incesto entre el dinero y la politica, (amén de algunas virtudes). 3) Trabajar en el terreno de lo simbólico. La presidenta no debe resignar ese campo de construcción política a favor de quienes lo manejan con soltura. La presidenta debe dar la batalla por las ideas, por las politicas publicas (hechos concretos) y tambien por los significados. De lo contrario, su baluarte ético será rapida y convenientemente destrozado.




