Raúl, Don Raúl, Doctor. Así nos referíamos a él en su propia presencia. Entre nosotros, era “el viejo”.
Lo sentíamos nuestro abuelo político. La relación con nuestros padres políticos era pésima. Inestable. Los veíamos llenos de errores, de agachadas, de traiciones. Astutos y hábiles pero muy mañosos. Los admirábamos mucho pero manteníamos la íntima convicción de que a la hora de elegir, ellos no nos dejarían pasar.
El viejo era diferente. Tan hábil y astuto, mañoso como el que más. Pícaro con su sonrisa campechana, que no se le fue nunca, pero mucho más entero. Menos doblado que el resto de su partido. Que todo el resto.



Comentarios
hace 2 semanas
hace 5 meses
hace 5 meses
hace 7 meses
hace 7 meses
hace 10 meses
hace 11 meses
hace 11 meses
hace 1 año
hace 1 año